CUBA.- El pasado 14 de enero, el gobierno cubano, tras un acuerdo con el Vaticano, anunció la excarcelación “gradual” de 553 personas “sancionadas por delitos diversos”. Sin embargo, de los más de 1.161 prisioneros políticos auditados a final de 2024, entre los cuales 931 permanecían entre rejas y otros 230 en situación de condena domiciliar, sólo han sido 198 los que han pasado a un régimen que podemos calificar ya como “régimen carcelario-domiciliar”, con la gravedad de que el 94% de estas personas tenían derecho a un régimen abierto, libertad condicional o libertad inmediata ya hacía incluso más de un año.
No obstante, ¿por qué comunicó el régimen que iba a “liberar” a un número de 553 presos, si han sido apenas dos centenares los excarcelados, y bajo condiciones antagonistas a una verdadera liberación? La cifra de 553 presos políticos coincidía en buena medida con las auditorías de los manifestantes pacíficos que aún permanecían en prisión como consecuencia, únicamente, de las manifestaciones del 11 y 12 de julio de 2021 y hechos inmediatamente posteriores. Sin embargo, otros 378 presos políticos pacíficos e inocentes, por causas similares a las del 11 y 12 de julio, también permanecían en prisión. La comunidad internacional, con su habitual modo timorato de defender los derechos humanos, decidió enfocarse en los primeros, y esta ridícula distinción entre presos políticos, todos inocentes, la usó el régimen para mencionar a 553 personas “sancionadas por delitos diversos”. dejando volar la imaginación de los más incautos y, lo que es más grave, también de las aproximadamente 550 familias afectadas por las brutal represión policial y penal de las manifestaciones del 11J y meses posteriores.
Pero no han sido 553 los excarcelados. Nada más lejos de la realidad. Una vez más, el régimen cubano ha jugado con la perversión que ejercita desde tiempos inmemoriales contra las familias de manifestantes y de defensores de derechos humanos. Solo 198 de los presos políticos han sido excarcelados, completando los restantes, hasta 553, con una cantidad aún indeterminada de delincuentes comunes que han salido excarcelados a decenas o cientos de forma simultánea y con las mismas supuestas medidas “de gracia” que los presos políticos. Nos preguntamos, y es imposible conocer esto cuando el régimen no ofrece cifra de detalle alguna, si la cifra de delincuentes comunes excarcelados simultáneamente ha alcanzado los 353 reos, lo que sentenciaría la negociación de la “liberación de presos políticos” como una farsa teatral aún más grave de lo que ya ha sido debido a las condiciones en las que los excarcelados han salido de prisión, incompatibles con cualquier derecho humano fundamental, pero también destruiría aún más cualquier tipo de credibilidad sobre el régimen hasta para los más incautos y desconocedores de su naturaleza.
Las programadas excarcelaciones, tanto de presos políticos como de delincuentes comunes, se han producido durante 5 días, del 15 al 20 de enero, salvo en un caso del día 30 de enero, contabilizando en este espacio la salida de prisión de 198 presos políticos y cientos de presos delincuentes comunes.
Las excarcelaciones se produjeron, en la totalidad de los casos, otorgando el citado “régimen carcelario-domiciliar” uno o varios días antes de la excarcelación efectiva. Todos los excarcelados y sus familias recibieron la noticia como mínimo un día antes. La llamada a excarcelar se detuvo, unilateralmente por el régimen, el día 19, y continuó desde primeras horas de la mañana del día 20 de enero hasta la noche. Ni un solo excarcelado más fue llamado a pasar al “régimen carcelario-domiciliar”. El régimen no llamó a nadie a ser excarcelado ni en la noche del día 19 ni temprano en la mañana ni en la tarde del día 20.
Ya en la noche, la Administración Trump, a las 6:53 pm (hora de Cuba), publicó la medida de reentrada de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo. Hubo más de 22 horas entre la detención de nuevas excarcelaciones por parte de Cuba y las medidas de la Administración Trump, siendo una falacia atribuir dependencia alguna entre un hecho y el otro. Pero el desconocimiento y las ganas de dañar a Trump, que no goza del aprecio de la prensa ni de las organizaciones de derechos humanos más políticas, por parte de algunos kamikazes de la prensa les ha llevado a algunos de éstos a publicar algunas noticias falsas al respecto de dicha relación causa-efecto, azuzados por la ignorancia de los hechos fácticos y el análisis de los tiempos y lo que aconteció.
Es más, al menos uno de los excarcelados, que extinguía su condena el 7 de julio de 2026, fue excarcelado el día 30 de enero, con mucha posterioridad a las medidas de Donald Trump, por lo que se demuestra que la pausa en la calendarización del régimen no ha tenido relación con la medida adoptada por la Administración Trump.
Las medidas de Biden y Trump
Desde muy temprano, el régimen cubano dejó meridianamente claro que estas excarcelaciones no eran producidas por negociaciones con la Administración Biden. No obstante, ésta, en un gesto unilateral de tipo político, que no técnico, retiró a Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo. Esta fue una decisión técnica errónea en sentido estricto, pues está muy probada la intervención de Cuba en actos de terrorismo por todo el globo desde hace décadas y también en la actualidad, incluyendo la formación y amparo de guerrillas narco-criminales en Latinoamérica, a las que aún presta apoyo activo y cobijo, de la banda terrorista ETA en España, los actos de apoyo al terrorismo ejercido por regímenes como el ruso en Ucrania, mediante el envío de tropas y la creación de un canal de contratación oficial de mercenarios cubanos (en un número de miles), o el apoyo al régimen Irán en sus acciones terroristas en Oriente Medio, por poner sólo algunos ejemplos sobradamente conocidos. Igualmente, Cuba ejerce el terrorismo de estado contra sus propios ciudadanos, como está sobradamente probado.
Sin embargo, tanto el presidente Obama como Biden, asumiendo que con la mejor de las intenciones, otorgaron al régimen prebendas anticipadas con el objetivo de propiciar un cambio en sus actitudes de terrorismo de Estado, que ejerce desde hace 66 años contra su población.
No creemos en Prisoners Defenders que ese tipo de estrategias surtan efecto alguno con estados totalitarios que fomentan, dan soporte y financian el terrorismo internacional, al tiempo que ejercen el terrorismo de Estado contra su propio pueblo. Más bien, al contrario, toda medida de gracia adoptada por adelantado contra un criminal al que se es incapaz de controlar y que persiste en la comisión de crímenes y niega toda rectificación, no será usada por éste salvo para ganar grados de libertad en la comisión de las mismas o más sofisticadas acciones contra la democracia y los seres humanos en el mundo. A los terroristas, como sucedió en el caso de ETA en España, sólo se les puede vencer con firmeza, aislamiento, persecución de sus actividades delictivas y, si acaso, dando pasos de deshielo sólo cuando el criminal se comprometa y demuestre su clara vocación y acciones concretas para transitar hacia el respeto de los derechos humanos y la legislación internacional y transnacional.
En España, adicionalmente, fue clave la unión de los demócratas, no pudiendo atribuirse la derrota de ETA salvo un devenir constante de firmeza y unidad por parte de numerosos gobiernos. Esto está ausente en Cuba, a cuyo régimen países como Canadá, Noruega o la Unión Europea, entre otros, sirven de apoyo constante para complicar la tarea de democratizar Cuba y darle libertades fundamentales a su pueblo, 10 millones de personas.
En torno a los crímenes de lesa humanidad y las violaciones de derechos humanos, existe una tibieza absoluta a nivel planetario, desde que se decidió que la fundación de las Naciones Unidas no sería ejecutiva en modo objetivo alguno para la protección efectiva y vinculante de los derechos humanos. Ningún organismo de Naciones Unidas tiene capacidad vinculante sobre Cuba, y los mecanismos de condena tienen nombres tan tibios como “Carta de Alegaciones” u “Opiniones”. No significa que no haya que usarlas, son el único mecanismo que tenemos las ONGs de defensa jurídica. Son útiles, pero no son vinculantes, El Consejo de Seguridad, por su parte, no es más que un club político puramente subjetivo ligado a intereses diversos, y que no está sometido al imperio de la Ley ejercido por poderes independientes y objetivos, y su ejecutividad se cercena con el derecho a veto, que se ejerce de forma permanente año tras año por los participantes.
Más aún, durante décadas, una parte de Europa ha atribuido a Cuba y su revolución unos supuestos valores que son a todas luces incompatibles con la realidad cubana demostrada en 66 años. “Fusilaremos y seguiremos fusilando”, dijo en Naciones Unidas el conocido criminal llamado “el Ché” Gevara desde el inicio de la “revolución”. Aún hoy, con 7 condenas en el Parlamento Europeo a Cuba por los más execrables crímenes de lesa humanidad, siendo en la actualidad el cuarto país del mundo en valores absolutos y el primer país del mundo en acciones urgentes por desaparición forzosa cometidas por el propio Estado, hay facciones en Europa que ocultan estos crímenes por simple empatía por la enemistad compartida contra los Estados Unidos.
Sin la unión de los demócratas, es complejo conseguir resultados, por lo que toda política con respecto a Cuba debe alinear a las democracias en la defensa del pueblo de Cuba, como bien supremo a proteger frente a un estado totalitario y probadamente criminal.


