El plan del técnico portugués fue redondo porque ganó el partido con la formación inicial y lo remató con los cambios después de que los barcelonistas empataran en un excelente momento de arrebato, cuando más apretaba la carga ambiental del Camp Nou. Los dos equipos se batieron con entereza y grandeza en un clásico tan bonito como vibrante, impecable futbolísticamente, una suerte para el cartel de una Liga que se aprieta en la jornada 10. El Madrid queda a tres puntos y el Atlético a dos del Barcelona, doblemente abatido en una semana, en París y en casa.
Ausente Vinicius, Mourinho se la jugó con la alineación, como si quisiera dejar constancia de que no está de paso ni va a dejar que el equipo se vuelva a caer por inercia, consecuente con el cargo de entrenador del Madrid. El técnico quitó el tapón de la medular para ganar línea de pase y apostó por Bernardo Silva como volante al tiempo que mantenía a Valverde en el puesto de lateral después de constatar que el uruguayo no mezclaba bien en la divisoria con Tchouameni. Una formación valiente por la suma ya sabida y acreditada de Güler, el jugador bandera de la divisoria, y desafiante con los acreditados centrocampistas azulgrana, Rodri, Pedri y Fermín, sometidos a marcas individuales por los interiores del Madrid.
Aun cuando no les gusta que les encimen, los medios del Barça tomaron la iniciativa y los delanteros apretaron muy arriba para penalizar las pérdidas de balón desde su área del Madrid en un partido con mucho ritmo y buenas salidas con la pelota de Diomande mientras Lamine estaba muy cercado por Cucurella. El Madrid aguantaba bien, se desplegaba con relativa fluidez y negaba la habitual ofensiva continua del Barça, al que le faltaba desequilibrio y profundidad, poco desafiante a pesar de la tibieza de Lunin. No encontraban los azulgrana al jugador libre, el tercer hombre como dicen los técnicos, y a cambio buscaban los arrebatos de Raphinha, que no acertó en el mejor tiro del Barça.
La lesión de Espart agravó la escasez de defensas de los azulgrana y aumentó el protagonismo de Cubarsí. El central tuvo que conducir mucho la pelota porque su equipo no tenía la posibilidad de presionar ni de filtrar balones a los puntas, entregados los delanteros a la tarea de recuperación muy cerca del área del Madrid. El partido era tan igualado, tenso y abierto que cada remate era muy celebrado, especialmente el de Gordon al que respondió bien Lunin. El gol llegó por sorpresa en el último tramo del primer tiempo cuando un mal despeje de Gerard Martín rebotó en Mbappé después de una entrada muy clara por el costado izquierdo de Cucurella y el punzante Diomande.



